BERNUÉS

El Paisaje Protegido de San Juan de la Peña 

Bernués está enclavado en las estribaciones montañosas de la cara sur del Paisaje Protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel, el cual destaca medioambientalmente por ser uno de los ecosistemas aragoneses de media montaña más representativos. Tiene una densa y variada masa forestal, donde se distinguen los bosques mixtos, reflejo del cruce de influencias atlánticas y mediterráneas. Los escarpes de conglomerados de este paisaje natural sirven de refugio a una importante población de rapaces. A estos valores naturales se le suma la existencia, en pleno corazón de la sierra, de uno de los monasterios más importantes de la Alta Edad Media, y primer panteón real de Aragón: el Monasterio de San Juan de la Peña.

El contraste entre la sombría cara norte del Paisaje Protegido, en la que se ubica la localidad de Atarés, y las soleadas laderas del sur, en las que se inserta Bernués, tiene sus consecuencias en el paisaje natural. Muestra de ello son las masas forestales de carrascas acompañadas de especies arbustivas como el boj y de plantas aromáticas típicamente mediterráneas como el tomillo y las aliagas. 

El antiguo convento de Santo Tomás 

En la abandonada Pardina de Lorés, se conservan, además de los edificios propios de este asentamiento, vestigios del desaparecido Monasterio de Santo Tomás. Este pequeño y recóndito conjunto monástico pertenecía al Monasterio de San Juan de la Peña quien lo convirtió en uno de sus prioratos hasta que en el año 1079 fue cedido a las monjas benedictinas de Jaca

En el edificio principal de la pardina, cuya pared está enfoscada en color blanco, se conserva en su puerta principal un gran sillar de piedra con un crismón medieval tallado. Éste se asienta, a su vez, sobre dos ábacos decorados con motivos vegetales, también reaprovechados del cenobio de Santo Tomás. En cuanto al tímpano hay que destacar su rareza, aunque es un modelo propio de estos pueblos del entorno de Peña Oroel: es un crismón compuesto por un rosetón central en forma de Sol del que salen un total de ocho brazos en los que se insertan la Alfa y la Omega, el Principio y el Fin como símbolo del Apocalipsis. 

La visita a estos restos medievales de Lorés sirve también para ver, aunque en estado de abandono, una típica pardina. En la provincia de Huesca reciben este nombre a las fincas dispersas de los cascos urbanos en las que se agrupaban edificios residenciales con el resto de construcciones necesarias para la agricultura y el cuidado del ganado. 

El camino a la ermita de San Alejandro 

En esta sencilla ermita del siglo XVII, construida en lo alto del monte Larraín, se ha conservado durante siglos una imagen de San Alejandro a la que los vecinos hacían rogativas de lluvia con un rito un tanto peculiar ya que mojaban con agua la propia talla e incluso le ponían agua a sus pies para solicitarle ayuda divina en forma de lluvia para sus campos. 

Hoy en día, dado el valor histórico y artístico de esta talla, los vecinos de Bernués la conservan en la iglesia parroquial. Muestra también de su importancia devocional son las cuatro ocasiones que antiguamente subían los vecinos hasta esta ermita: el 20 de enero, San Sebastián; el 3 de mayo, día de la festividad de la Santa Cruz; el 11 de junio, para San Bernabé que son las fiestas menores de la localidad y el Domingo del Rosario en octubre. 

El camino a la ermita está actualmente señalizado y adecuado para su uso senderista. Comienza en una pista de tierra que nace de la carretera A-1502, en dirección a Jaca, a unos quinientos metros de la salida de Bernués, donde encontraremos la señalización del sendero. Siguiendo, en descenso, llegaremos al barranco abierto por río Moro donde veremos un pequeño puente de piedra que une ambos lados del barranco y los restos de las edificaciones del molino, incluso con parte de la maquinaria que al ser movida por el agua permitía moler la harina. Desde el molino la pista asciende hasta la ermita siguiendo el curso del barranco de Larraín.