BOTAYA

BOTAYA

Una historia unida al Monasterio de San Juan de Peña 

Dentro de las tierras de este pequeño pueblo se esconde un gran monumento: el Monasterio de San Juan de la Peña. Su unión se remonta al menos al año 1045 cuando ya hay constancia de que este cenobio disponía de tierras de cultivo y viñedos en Botaya. Hasta bien entrado el siglo XX, concretamente hasta 1967, Botaya formó municipio propio en el que cual se incluía el Monasterio hasta que se integró en el Ayuntamiento de Jaca

Los datos históricos de la construcción del Monasterio nos conducen a la fundación, en el siglo X, de un próspero centro monástico dedicado a San Juan Bautista del que se conservarían algunos elementos. El Monasterio fue refundado por el rey Sancho «El Mayor» de Navarra en 1025. En este mismo siglo se establece en él la comunidad benedictina. Pero San Juan de la Peña no sólo fue una fundación real sino el lugar donde descansarían los restos de los monarcas aragoneses Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I. El singular monasterio ubicado bajo la roca fue abandonado definitivamente tras un devastador incendio en 1675. Tras este episodio la comunidad construyó un nuevo cenobio en la pradera de San Indalecio, en lo alto de la sierra, en un lugar sin duda mucho más soleado y agradable para vivir. 

Esta intensa Historia, es un patrimonio de gran importancia que hizo que Botaya fuera uno de las 28 localidades que pasaron a formar parte del Parque Cultural de San Juan de la Peña. Creado en 2001, nació con el objetivo de proteger y desarrollar este territorio que supone una conjunción única entre historia, arte y naturaleza por la presencia de este conjunto monástico, el Paisaje Protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel, el Camino de Santiago, joyas románicas, espléndidos ejemplos de arquitectura civil y popular, singulares pardinas, muestras de patrimonio industrial, calzadas romanas, senderos tradicionales, etc. 

El paisaje del Sodoruel 

Este topónimo era el usado por las gentes de la zona para llamar a este territorio situado en la cara sur de Peña Oroel, cuya silueta vigila desde el horizonte a estas pequeñas localidades ubicadas en el entorno del Paisaje Protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel. Este espacio natural protegido es uno de los ecosistemas aragoneses más representativos de media montaña en el que destaca, sobre todo, por un gran contraste medioambiental entre la cara norte, en la que se ubica, por ejemplo la localidad de Atarés, y la cara sur donde se ubican Bernués, Osia y Botaya. Así pues, las laderas de estos macizos montañosos que discurren hacia el sur, más soleados que la sombría cara norte, se pueblan de masas forestales típicamente mediterráneas de carrascas acompañadas de especies arbustivas como el boj y de plantas aromáticas típicamente mediterráneas como el tomillo y las aliagas. 

Para alcanzar el caserío de Botaya habremos tenido que descender previamente las laderas de la Sierra de San Juan de la Peña hasta alcanzar una recóndita hondonada sobre la cual se sitúa Botaya, sus pardinas y sus despoblados. En este llano las gentes de Botaya encontraron un rincón en el que poder disponer de campos de cultivo y pastos para el ganado. Además de estas actividades tradicionales, Botaya se ha dedicado tradicionalmente a la explotación de pequeñas canteras de piedra de las cuales salieron incluso los sillares del Monasterio de San Juan de la Peña. Otra alternativa para conocer el paisaje del Sodoruel es animarnos a recorrer el sendero que une las localidades vecinas de Botaya y Osia. 

Las ermitas de Botaya 

En los alrededores de la localidad se conservan hasta un total de cuatro ermitas dispersas por el llano, a pie de monte, sobre el que se ubica este pueblo. Al este, siguiendo los caminos del barranco de Botaya y tras haber descendido levemente, llegaremos a la ermita de San Miguel, que hace la función en la actualidad de capilla del cementerio. Se trata de una ermita del románico pleno (S. XII) en el que se distinguen fácilmente las características constructivas propias de este estilo: uso de la piedra sillar, cubierta exterior a dos aguas y con bóveda al interior, ábside semicircular y entrada principal protagonizada por un tímpano tallado con la imagen de Cristo sostenida por dos ángeles. 

Hacia el sur, siguiendo cuatro kilómetros el camino del barranco de San Adrián, llegaremos hacia la ermita del mismo nombre. Su arquitectura corresponde a una ermita rural del siglo XVI y su bello retablo plateresco está en la actualidad conservado en la iglesia parroquial. Completan el conjunto de ermitas de Botaya, las pertenecientes a las pardinas de Bolartal y Botayuela. Las pardinas son los núcleos de hábitat disperso de la provincia de Huesca. En ellos se concentraban los edificios residenciales con lo necesario para atender al ganado. Si las pardinas tenían cierta entidad y en ella vivían varias familias, era habitual que contaran con una ermita. La de Botayuela es de origen románico y está dedicada a San Clemente y la de Bolartal a Santa María.